La caída del ángel
¿Nuestra especie evoluciona o cae? El camino que llevamos parece que nos aleja cada vez más de cualquier triunfo. Antaño nuestro planeta era el centro del universo y nosotros los hijos de Dios, hechos de su misma sustancia. Quemamos en la hoguera a Giordano Bruno por tener una actitud altiva y orgullosa y por mantener, como antes hizo Nicolás de Cusa, que nuestro mundo no sólo no es centro de nada, sino uno más entre otros muchos. Arrastramos los pies durante milenios, rechazamos mirar por el ojo del telescopio y ver los valles de la luna, pero al final, se impusieron los simples, lamentables, hechos. Lucrecio, los estoicos, Demócrito nos saben hechos de los mismos bloques diminutos de materia que un excremento o el núcleo mismo de la Tierra. Veníamos barruntando que en vez de hijos de Dios éramos nietos de algún mono. El que al final se llevó las pedradas en la frente, por ponerlo por escrito y ordenado, fue Carlos Darwin. Vuelven los estoicos a recordarnos que el universo...