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Palabras de agradecimiento para cerrar la presentación de uno de mis libros.

Agradezco las palabras con que tan eruditamente ha adornado [presentador ocasional] mis textos. Estoy casi seguro de que son inmerecidas, y la inmodestia del “casi” se debe a que algunas no las he comprendido, aunque secretamente no albergo ninguna esperanza.  Me parece un loable esfuerzo el haber hilado un discurso tan cerrado acerca de un libro que evidentemente no ha leído, porque sin la menor duda, si lo hubiera hecho, necesariamente se habría quedado sin palabras, presa de absoluto estupor ante la desvergüenza que tenemos algunos de perpetuar en papel lo que merecería un más compasivo destino, como sería la volatilización más absoluta cuando el gran Apocalipsis energético devore completamente las memorias magnéticas de todos los computadores.
Agradezco asimismo a la editorial el enorme descrédito en que se ha sumergido al publicar de una manera tan primorosa tan infame contenido, descrédito que tan solo en parte puede descargarse en el lomo de la necesidad, y que pesará sobre es…

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Jaime Gil de Biedma se quedó calvo en 1962. Yo, al paso que voy, observando el área decreciente de pelo, que desaparece aceleradamente, es decir, con velocidad creciente, me quedaría calvo, de seguir vivo, a medidos de 2020.

Mimí

Le daba igual París, Madrid, Barcelona, Amberes o Valsequillo. Al final todos eran lugares donde padecer con el recuerdo de Mímí. Recuerdos de su silencio nunca incómodo, su manera de ser del norte, lejos del exceso de palabras y sonrisas, su estar cerca sin estar demasiado cerca y nunca lejos, su estatura y delgadez, sus manos grandes, su juventud y sus pechos pequeños y puntiagudos. 
Pero, sobre todo, el recuerdo de una llegada sin ruido, como la lluvia de principios de otoño, y de no haber sido necesaria otra cosa que haber dejado que las cosas sucedieran.
Alguien que había llegado así nunca se iría, porque las despedidas siempre suponen ruido y temblores de tierras y de entrañas. Con Mimí todo eso era imposible, por eso sabía que nunca se iría.
Cualquier intento por olvidarla estaba condenado al fracaso.

Haiku

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En el m e d i o está la virtud

La vida a diario

Julio Ramón Ribeyro mantuvo un diario durante tantos años, con tanta indisciplinada regularidad, que acabó interactuando con su vida en un sistema de recíproca influencia.
El sano juicio nos indica que el diario es un reflejo de la vida, un resultado de la misma, escrito cada noche a partir de los  acontecimientos del día. Obviamente esta rutina nocturna no es necesario que se dé, pero sí una relación causa-efecto. El diario es resultado de las vivencias.
Sin embargo, llega un momento en que la literatura contenida en el diario crece y engorda hasta alcanzar la admiración de la propia persona que la escribe. El texto adquiere un peso propio y notorio, ajeno a quien lo vive. Deviene en causa y no efecto. Empiezan a hacerse cosas con el principal objeto de escribirlos en el diario y, como la literatura tiene sus exigencias, su forma y su estética, no queda más remedio que llevar una vida literaria. La otra fórmula, soez, grosera y falsaria, sería la de vivir cualquier hecho sin preocupaci…

de "Mamá se muere otra vez"

Me está encantando el libro aunque solo voy por el segundo capítulo, y quería compartirlo con vds., para un libro de autora canaria -aunque refrendada nacionalmente, que fue finalista del planeta- del que uno puede hablar con entusiasmo, no hay que dejarlo para después. La autora se llama Pepi Farray. Es profesora de educación en nuestra Santa Institución, pero también es fundadora de una Fundación dedicada a la cooperación para el desarrollo. Este es su único libro publicado, al parecer.

Cada vez que el circo llega a la ciudad, se me arruga un poco el ceño imaginando esos domadores enfundados en unos pantalones de lycra, con los leones calvos y los tigres desteñidos, esos elefantes deprimidos que te juzgan con ojos entristecidos, esa carpa remendada mil veces con el olor característico de los solares que cede la ciudad para montar el espectáculo. Sentada entre el público, me voy convirtiendo en la mujer barbuda y lloro dentro del paquete de palomitas de maíz. Me entristecen tanto los…