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Exquisitas las formas

Sintiéndolo mucho, al comité de redacción no le parece que su aportación sea compatible con el contenido  de nuestra revista, por el contrario, corremos el riesgo, amparándola entre nuestras páginas, y sin que ello implique un juicio de valor por nuestra parte, de que nuestros lectores puedan mostrar cierta confusión respecto a la línea editorial que hemos venido desarrollando desde la propia fundación y que fue y sigue siendo: publicación de textos de calidad.
Es por ello que nos vemos en el incómodo papel de tener que rechazar su aportación, no sin animarle a que persista en su actividad creadora en la espera de que en un futuro no muy lejano sus aportaciones exhiban de manera más explícita los valores que esta revista desea divulgar.

El reposo de los textos

Cuando acabas de escribir un texto, lo que lees no es lo que has escrito sino lo que querías escribir. Solo después de un tiempo, cuando ya has olvidado lo que querías escribir, es cuando puedes percibir si lo que has escrito te comunica algo y si ese algo te recuerda o no aquellas originales intenciones que te impulsaron a escribirlo.

De Madrid al cielo

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Dos papirómanos en la Feria del Libro de Madrid

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Elízabeth Hernández Alvarado y Rubén Benítez Florido estarán esta tarde del 28 de mayo en la Feria del Libro de Madrid compartiendo  experiencias y conversaciones con los lectores. 

"Pensando a gritos" ya es un conocido y reconocido libro entre nuestros lectores. "De la levedad a la insignificancia" es una novedad recién salida de la imprenta que ha llegado justo a tiempo para presentarse en las casetas de la feria. 
¡Disfrutemos nuestra común pasión por la literatura!

Últimas noticias

¿Lo último que supe? Alguien, no recuerdo quien, recibió una postal suya desde Odessa. Dónde estará eso.  Sí, una postal en la era de los móviles y los e-mails, los facebooks y los skypes. Una postal. Era una foto antigua, de una zona portuaria y unos parroquianos sentados alrededor de una mesa jugaban a las cartas. Unas pintas bastante siniestras, al igual que el bar en cuyo quicio se apoyaba un señor gordo con un mandil y un exuberante bigote. Era el único que miraba a la cámara. Odessa. ¿Dónde estará  eso? ¿En el Mar Negro, dices? ¿Y dónde está eso? Déjalo, ya lo buscaré en la Wikipedia.
¿Qué decía? Pues algo así como “mira donde me tomé ayer una copa”. Nada más. Ya digo, la foto parecía antigua. Lo mismo no lo era. Una broma quizá. O es que el sitio no había cambiado en quinientos años. No sé. Me dio envidia. Yo acababa de venir de pasear al perro. En casa no había pan. Al día siguiente regresaba al trabajo después de unas lastimosas vacaciones y me fui a la calle a ver si veía a a…

EL DIOS DE LAS COSAS

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Pronto (no te preocupes, está al llegar, ya queda poco) nos pagarán por perder el tiempo; la productividad ya no dependerá de nosotros, la ciencia nos liberará del trabajo y pasaremos a ser consumidores autómatas. Habremos superado la división del trabajo y daremos el salto a la división de las compras, consumiendo vorazmente para justificar la existencia de la robótica. Se nos exigirá holgazanear, permanecer ociosos y aburridos, ser fuentes de insaciable necesidad para no interrumpir el flujo de producción masivo. La escasez de recursos dejará de preocuparnos, porque nuestra imaginación creadora se volverá inagotable. Por primera vez en la historia viviremos en un régimen de esclavitud gozosa, sin esfuerzos, sin azotes, porque el dios de las cosas atenderá con prodigalidad nuestras plegarias. La publicidad será la nueva religión y los directores de marketing sus sacerdotes. Nuestra fe será inquebrantable y, por fin, habrá cesado la explotación del hombre por el hombre.