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Historia de amor delirante

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Escribo mientras pienso en las pesadillas que he tenido esta semana: me he visto en una cama, con un elástico al brazo, con el brazo extendido y un chorreo de letras que me desangraban y me dejaban muerta en el sitio, seca. Soy una yonqui del drama letrado. 
Me salían letras por todas partes y yo con ansiedad por ir a comprar libretas, cuadernos, hojas… da igual que ya tuviese papel en casa, solo quería escribir y ponerme, como una loca, a vomitar letras.
Imaginaba las palabras “Confío en mí” y “Soy un ser de luz” flotando a mí alrededor. Imaginaba que la cabeza se me abría como un cajón y esas letras entraban y se hundían en el enroscado diseño de mi cerebro, pululaban por los cráteres de mis hemisferios y se sumergían hasta el fondo, pasando al resto de mi cuerpo por el torrente sanguíneo, como un enorme tsunami que arrasaba de forma limpia y renovadora cada uno de mis órganos, de mis células, cada parte de mi cuerpo… Y así, me fundía con ese mensaje que soy yo misma.
Al abrir los oj…

Consejo de Papirómanos

Acta de la sesión de 13 de enero de 2019 celebrada en Cuatro Puertas.
Asistentes: At, El, Jj, Nv, Rb, Rf, Sg
Mas algunos invitados.

Comenzó la sesión alrededor de las once. Hasta las once y media, poco más, el secretario en funciones no puede atestiguar lo sucedido porque no estaba allí. A partir de su llegada confirma que había una mesa dispuesta para el desayuno bastante saqueada ya, a la que se aportó una garrafa de agua, único líquido consumible que por lo visto faltaba en la casa, habiendo una sobrada provisión de otras variantes fluidas. También se aportó una exquisita y no lo suficientemente elogiada mermelada de ciruelas con un sabor y unos aromas en boca difícilmente encontrables en cualquiera de esas Rapsodias de frutas que asustaban con su presencia a las rebanadas de pan apretujadas en la cestita.
Después de los saludos pertinentes, al secretario, aquí presente, se le encomendó entretener a la pata de jamón con su fluida, erudita y entretenida conversación, a lo cual el s…

El último día de Terranova

Lo primero es lo primero, en cuanto empecé a leer el libro me sobrevino la idea de que Manuel Rivas sería nuestro siguiente premio Nóbel. No sé por qué ni por qué no se conceden los premios Nóbel, pero Manuel Rivas no desmerece a ninguno de los pocos premios Nóbel que he leído. Y tiene ese tono que, hablando de una mediana ciudad de Galicia, parece que habla de universo todo, y de todos nosotros. Al menos consigue implicarnos a todos nosotros en aquello que cuenta. (De sobra está decir que todos nosotros soy yo, en realidad ignoro lo que les pasa por las sensibilidades a todos los otros que leen a Manuel Rivas; y al que no le pase nada, bueno, esperemos que sea porque no sintoniza con Manuel Rivas y no que sea que esté más seco que un tollo).
Al grano, Terranova es una librería en la calle Atlantis de A Coruña. La he buscado, la calle, pero no la he encontrado en el mapa. Sí estaba la plaza María Pita, y el mercado de San Agustín, y la calle Panaderas por donde bajan a toda mecha en b…

No tiene título.

Buscando entre la basura he encontrado esto. Y me he dicho, qué bueno para Papiromanía. No es un poema, sino una línea muy larga que he tenido que trocear porque el conversor de formato no sabía hacerlo por su cuenta. Lo que decimos siempre, los jóvenes ya no entienden el pasado. No tiene título. Por eso le puse ese título:

Se suele decir que cuando uno desmonta un aparato,
presuntamente para buscarle una avería,
siempre ocurre que al volver a montarlo
hay piezas que quedan sobre la mesa
cuando uno ha terminado el trabajo.
Un amigo atribuye este demérito
de los aparatos al hecho de que
los ingenieros no se preocupan
de la realidad de las cosas,
sino de su diseño y todo lo más de su modelo,
pero que la realidad es mucho más navajera
(de Occam) que ellos y desecha muchas de las piezas
que por matemática, los ingenieros han encontrado imprescindibles.
Así, los mecánicos callejeros, más occamnianos que ingenieros,
desmontan y vuelven a montar motores de coches y motos
y en cada ocasión d…

Malditas, una estirpe transfeminista de Itziar Ziga.

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Sepúlveda vuelve a frotar la lámpara de los sueños

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Prosas Apátridas. Julio Ramón Ribeyro

En mis andares entre libros enfrento tramos llanos y también repechos, recorridos a veces solo y otros en compañía. Todo lo doy por bueno, incluso los momentos en que no encuentro nada destacable en el paisaje y pierdo un poco la fe. Que siempre vuelve, tantas veces inopinadamente.
A Julio Ramón Ribeyro ya me lo habían hecho conocer, por fortuna, y tengo, a la distancia de un brazo desde el cabezal de mi cama, los restos que me quedan por leer de su diario La tentación del fracaso. Sucedió que a raíz de una hojeada ( que preferiría escribir como ojeada) que hice de algunos de sus cuentos, hace muchos meses, lo dejé todo aparcado, para un porvenir que se me vino encima el pasado fin de semana. No sé cómo ni porqué, me acordé entonces de Ribeyro y me hice con sus prosas apátridas.
El autor explica en el prólogo el porqué de apátridas, y nada tiene que ver con la condición más bien errante de Ribeyro. En uno de los textos incluidos dentro de esta misma colección, dice que hay dos ciudad…