Nada, de Janne Teller (autora danesa) (Resumen)



Los personajes son niños y niñas, se habla del 6º y 7º curso (¿12,13 años?).
Comienza el curso tras las vacaciones de verano y Pedro Anthon decide que no vale la pena continuar con la farsa. Nada tiene sentido, no vale la pena seguir yendo a la escuela año tras año solo para prepararse para buscar trabajo, solo para poder comprarse una casa y un coche, para poder casarse y tener hijos que volverán a repetir ese ciclo absurdo, y luego morirse. Nada tiene sentido. Por eso se sube a un ciruelo –  ¿Por qué un ciruelo? – decidido a pasar el resto de su existencia en mera contemplación del mundo sin participar de él.

A los compañeros de la clase no les hace gracia esta actitud. Tienen que pasar todos los días por delante del ciruelo y Pierre Anthón les grita sus conclusiones, además de tirarles pipas de ciruela. Sienten que tienen que demostrarle –a Pierre Anthon y a ellos mismos–que no tiene razón, porque de ninguna manera pueden darle la razón y continuar una vida normal. Se dan cuenta de que hay algo de verdad en sus razonamientos, de que la vida es un juego de fingimientos (“sabemos que nada tiene sentido y que todos simplemente fingimos”-p17) y sin embargo se empeñan en desmentirle, en buscar “sentido” a la vida.

Así que empiezan a acumular cosas que sean importantes para ellos, con el propósito de, cuando estén todas juntas, mostrárselas a Pierre Anthon, decirle, “mira todo este sentido”, porque si algo es importante para ellos, consideran, entonces eso es significado, sus vidas tienen un sentido.

Pues no les resulta tan fácil decidir qué cosas tienen sentido. (“tenía un poco de razón en eso de que no importaba nada, y no era nada fácil juntar cosas que sí importan” –p28). Al principio son cosas sencillas, de las que les cuesta desprenderse, pero la búsqueda de sentido lo merece (unas sandalias nuevas, un telescopio, una bicicleta, el pelo). El procedimiento es que cada uno por turnos va señalando qué es lo que tiene que aportar el siguiente, sabiéndo de él o ella qué cosas son las que le importan. Y el asunto empieza a complicarse cuando, a causa del resentimiento por haber tenido que desprenderse de algo que realmente les importaba, procuran que el perjuicio para el siguiente compense su propio sacrificio (el cristo de la iglesia, la alfombra de rezos, el hamster, el hermanito muerto, la «inocencia» de Sofie , el dedo de …).

Lo del dedo hace que se descubra todo. Los padres, la policía, ya escamados con el asunto de la cruz, o el del cementerio, descubren el “maloliente montón de contenido singular y macabro”(–p 111) . Pero aún así los chicos no desisten de su propósito.

Terminado el montón de significado deben buscar la manera de mostrárselo a Pierre Anthón.  La cosa se desborda, los periódicos, los curiosos. El montón se hace famoso. Un museo norteamericano quiere comprarlo por una burrada de dinero. Están muy satisfechos, si vale tanto será porque tiene mucho significado. Pierre Anthon no podrá dudar de eso.

Pero Pierre Anthon es irreductible (“sea lo que sea lo que habéis hallado no es significado porque este no existe” –p133) y cuando le hablan de lo famosos que se han vuelto y sobre todo de por cuánto lo han vendido, les responde que el montón de significado no puede significar nada, de otro modo no lo habrían vendido (“el significado no se vende” –p140)

Esto provoca la gran crisis final. Se pelean entre ellos rabiosos por haber tenido que despojarse de esos objetos que tanto les importaban para nada, porque si no han conseguido convencer a Pierre Anthon de que existe algún significado, entonces la duda se instalará en ellos para el resto de sus vidas.

El sacrificio final es el del propio Pierre Anthon, que por fin baja a mirar –le han avisado de la pelea y en realidad baja a pacificar, pero lo hace insistiendo en sus razonamientos de vacío, burlándose de aquel montón de sinsentido que ellos han vendido por tal o cual cantidad de dinero, demostrando así que tanto no les importaban aquellas cosas– y la rabia de todos, “él tenía la culpa de todo”, se centra sobre él.

Un gran fuego final lo borra todo –incluso la responsabilidad por la muerte de Pierre Anthon– en un acto final se reúnen para recoger y guardar las cenizas (“los recipientes encerraban cuidadosamente aquella masa gris que era todo lo que quedaba del significado” –p 152)

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Tónica y ginebra

Pensando a gritos, de Elízabeth Hernández Alvarado