Palabras de agradecimiento para cerrar la presentación de uno de mis libros.



Agradezco las palabras con que tan eruditamente ha adornado [presentador ocasional] mis textos. Estoy casi seguro de que son inmerecidas, y la inmodestia del “casi” se debe a que algunas no las he comprendido, aunque secretamente no albergo ninguna esperanza.  Me parece un loable esfuerzo el haber hilado un discurso tan cerrado acerca de un libro que evidentemente no ha leído, porque sin la menor duda, si lo hubiera hecho, necesariamente se habría quedado sin palabras, presa de absoluto estupor ante la desvergüenza que tenemos algunos de perpetuar en papel lo que merecería un más compasivo destino, como sería la volatilización más absoluta cuando el gran Apocalipsis energético devore completamente las memorias magnéticas de todos los computadores.
Agradezco asimismo a la editorial el enorme descrédito en que se ha sumergido al publicar de una manera tan primorosa tan infame contenido, descrédito que tan solo en parte puede descargarse en el lomo de la necesidad, y que pesará sobre esta compañía editorial como una marca infame para el resto de su andadura mercantil.
Por último, agradecer al publico asistente el que se hayan reprimido de levantarse y arrasar el local, después de haber colgado justamente al execrable personaje que con la más absoluta amoralidad reclama la autoría de una obra que como mínimo debió haber sido anónima, para así no tener que olvidar que entre nuestros semejantes deambula impunemente un individuo de tal catadura.
Agradecer a mi esposa y a mi hija que, con riesgo de sus vidas, han accedido a acompañarme a modo de escudo emocional ante posibles ataques que pudiera recibir durante esta presentación que, si el mundo hubiera sido el lugar utópico que todos hemos soñado alguna vez que fuera, nunca habría tenido lugar.
Gracias.

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