Reflexiones deshilachadas

Yo comprendo bastantes cosas, pero sé muchas menos. Sé razonar el por qué de muchas realidades internas y externas, pero no sé aprovecharlas para mi intención o interés.
Se comprende con la razón, pero se sabe con el cuerpo. Hasta que no se utiliza para un fin concreto ningún conocimiento es un saber. Por eso hay que actuar después de pensar.  Pensamiento que no desemboque de un modo u otro en acción es pensamiento vano.
Escribir es una forma de acción, aunque parezca leve, es una acción en potencia, es decir, que puede motivar a la acción a otros, de hecho, a muchos otros, luego es, en potencia, una bomba de acción.
Aunque no toda escritura mueve, en realidad mucha lectura disuade de la acción.
Cuando hablo de acción la pienso en un sentido amplio y no necesariamente físico.
La acción física es de alcance limitado porque se extingue al conseguir su objetivo.
Los tratados de ingeniería son más poderosos que los manuales de hágalo usted mismo. Aunque estos tienen efectos a corto plazo, aquellos lo tienen a largo pero también a ancho espacio, es decir, son capaces de provocar acciones muchos más amplias y durante más tiempo.
Lo práctico e inmediato frente a lo potencial a largo plazo. Creo que una evolución de la razón debe primar lo segundo a lo primero, obviamente una vez que está resuelta la supervivencia. Por mucho que trates de enseñarle a pescar a un hambriendo no va a aprender nada hasta que no llene el estómago, primero dale un pescado y luego enséñale a pescar.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Pensando a gritos, de Elízabeth Hernández Alvarado