La energía de la estupidez desata el Apocalipsis
Se despertó decepcionado nuevamente por poderse despertar. Según su propia predicción, y ya se habían cumplido casi seis meses desde la fecha límite, el mundo no debía seguir en pie. Se sintió en parte derrotado. Sólo en parte, porque seguía convencido de que su predicción se cumpliría, aunque andara algo retrasada.
Se frotó los ojos frente al espejo del baño, bostezó, revisó una muela que le producía molestias al contacto con el frío y sopesó si afeitarse o no.
El Dr. Malaspina debía estar regodeándose en su triunfo, pensó. Pero cuando todo se venga abajo, y se vendrá en poco, mi éxito será clamoroso. Y recordaba el auditorio derrumbándose en aplausos después de cerrar su conferencia "La energía de la estupidez desata el Apocalipsis" con la frase "esta es una de nuestras últimas noches".
Sus esfuerzos por encontrar un estadístico fino que resumiera la estupidez global en un único número, adimensional, acotado entre 0 y 1 fueron expuestos brillantemente en la conferencia ante un público entregado. Sólo una persona no aplaudía, sólo una persona permanecía impasible, sentada con las piernas y los brazos cruzados y el gesto serio, el Dr. Malaspina.
Normalizar el Indicardor General de Estupidez (IGE) después de haber postulado que la Estupidez en bruto tendía inevitablemente a infinito, supuso un logro que no hubiera podido conseguir sin la ayuda del departamento de Matemática Aplicada.
Sus trabajos se habían extendido durante años por varios campos con estudios demográficos, históricos, sociológicos y económicos. Se había encontrado con enormes dificultades a la hora de cuantizar fenómenos de índole humana, pero al fin había logrado condensar toda la información en un número asible, el IGE.
Recordaba el día en que el ordenador central del departamento de Informática, un mainframe medio olvidado que dedicaba parte de su tiempo, a ratos perdidos, en calcular el IGE, arrojó los resultados después de devorar montañas de datos, series históricas interminables, conversaciones grabadas de primeros ministros... en definitiva una vorágine de información inclasificable. La serie del IGE, calculada solamente para el siglo XX dio picos máximos, fácilmente distinguibles entre la mansa serie de valores que lo rodeaban, en las fechas del 28 de julio de 1914, el 18 de julio de 1936, el 1 de septiembre de 1939, el 6 y el 9 de agosto de 1945, el 18 de agosto de 1960, el 22 de octubre de 1962 y el 11 de septiembre de 1973. Cualquiera podía relacionar todas esas fechas, excepto una, con hechos reseñables.
El 18 de agosto de 1960 el IGE calculado llegó a su límite máximo, 1, aunque se creía que era una cota jamás alcanzable. Se estimaba que calculando el IGE con 350 decimales nunca llegaría a valer completamente 1. Pensó entonces que esa fecha podría ser un error, una especie de outlayer arrastrado desde las profundidades de algún cálculo. Después de sopesarlo no le quedó más remedio que admitir que no era el caso. Los datos evaluados eran demasiados para que sólo uno pudiera afectar al resultado de manera tan notable. Debía admitir que el día de su nacimiento fue el más estúpido del siglo XX.
Extrapolando los cálculos del IGE al futuro la serie dio 0,999 para 21 de marzo de 2026. Con un resultado añadido aterrador. La serie se cortaba bruscamente. En esa fecha el proceso de generación del IGE colapsaba sobre sí mismo.
Desde entonces supo que el fin estaba cerca. Desconocía la forma. ¿La Tierra devolviendo el maltrato a nuestra especie?, ¿un imbécil comenzando una guerra definitiva? ¿hordas desatadas de ganado humano odiándose de mil en mil?
Le pareció muy estúpido desear, como profundamente deseaba, que pronto se cumpliera su predicción y no hubiera mundo para él ni, por supuesto, para el cabrón de Malaspina.

Una introducción prometedora. Ojalá siguiera.
ResponderEliminarSe corta bruscamente, por coherencia.
ResponderEliminarViva el apocalipsis!!!
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