Un hombre serio
A esta edad no se espera tener una mirada distinta de uno mismo. No sé si el cambio brusco del paisaje que me rodeaba, el mar lejano e inalcanzable protegido de los pasos por extensiones inabarcables de dunas, inspiró una mirada distinta sobre mí mismo. O fueron los años, cansados de no tomarme en serio. Con 55 años no tenemos por qué esperar que, de repente, nos parezca natural que durante tanto tiempo nos hayamos visto como niños. Nos parezca que la actitud que hemos mantenido no ha sido seria, y que la palabra seria pierda toda la carga negativa que soportaba para alzarse entre todas las demás con brillos de diamente. ¿Hemos estado viviendo como niños? ¿Fue el compás de sus pasos con mis pasos, lentos, sobre la arena, que se diferenció de los pasos desordenados de los niños que nos rodeaban los que alentaron mis ideas? Admitir ahora que llevo demasiado tiempo, en realidad, digámoslo, todo el tiempo, buscando posibilidades para retorcer el lenguaje y hacer un...