don Homerito

 Vale, es una gracieta, por rellenar el blog, que hace tiempo que no se actualiza. A mí me hace gracia.


Yo tengo un alma griega,

para mí todo pasado es mito.

Me recuerdo como semidiós,

siempre detrás de alguna diosa escurridiza;

tan escurridiza,

que no recuerdo que ningún dios consorte

tuviera que castigarme.

Los doce trabajos los empecé por mi cuenta

y a desgana,

y aún no los he concluido.

Tampoco robé el fuego.

Todo lo más lo pedí prestado;

y lo devolví cuando me jubilé.

No volé, definitivamente, al cielo

con mi padre,

que prefería su sillón, su güisqui y sus cigarrillos 

a volar.

Y tampoco rapté a ninguna Helena.

Fui a verla

y casi ni me abrió la puerta.

Fundé un hogar, 

y tuve descendencia.

Mi hija, la pobre, salió a mí.

No conquistará Troya, me temo.

Y tampoco la veo surcando los mares

perdida, 

entre sirenas y polifemos,

circes y calipsos.

Bastante tiene con evitar que le meen encima

y se vea con un hijo inesperado

que acabaría sacándome los ojos,

si las cifras del paro juvenil y la falta de vivienda

continúan como va.

Todo esto te lo cuento,

ya viejo y ciego,

«vencido por los años»

no por la vida, que aún me late,

como pájaro enjaulado

en esta ruina de cuerpo.

Quizá tú seas mi Homero, divina palomita,

que una vez encarnaste un espíritu y hoy

paces en los parques 

las escasas miguitas que me sobraron 

de la magra ración en la residencia. 


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