El tiempo, eso que pasa aun cuando nada pasa
Los hechos sucedidos entre todos los posibles son una pura casualidad, una alineación de factores que se nos escapan y que vienen a dar en un devenir que pudo ser cualquier otro. Decir esto es tanto como decir que nadamos en el amplio mar de nuestra suerte, que se cruza, a su vez, con la fortuna de todos los demás y de todas las cosas. Nuestra vida, vista así, es poco más que la trayectoria que sigue una bola de billar sobre un tapete. Habría una primera energía, tentado estoy de llamarla, motor inmóvil, a partir de la cual las bolas se chocan, se atraen y repelen en un juego que podríamos, al fin, definir como de movimiento continuo, o así nos parecerá, continuo, en nuestro pequeño tiempo, una nimiedad en comparación a todo el que transcurrirá después de terminar de leer estas líneas, y en el que ha trascurrido antes de que estas líneas hayan sido escritas. Con todo esto no quiero decir nada. No es una reflexión profunda, no es ninguna aportación que alumbre hipótesis par...
¡Ecos de dinosaurios! ¡Relato onírico-surrealista! ¡Foto inquietante!
ResponderEliminarPor lo de las fotos. En Baeza, ciudad, como tantas, a dónde querría retirarme a vaguear y no hacer nada salvo pasear y nadear, y cuando me canse de eso, echarme en un rincón a la sombra y leer, hasta que me canse de eso también y vuelva a vaguear y nadear y tomarme una cerveza, o dos, y seguir así toda la vida o cuanto aguante, hay un lugar muy simpático, de esos de sentarse a leer, donde alguien se entretuvo en tallar en las rocas estas caras lagartinas.
ResponderEliminarOnírico-orgasmático, diría yo...que buen relato! La foto mola mucho!!!
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